Medina del Campo ha vuelto a dar la nota obligando a recorrer sus calles a un elefante africano. Sí, lo que leéis. Un elefante paseando por este municipio vallisoletano en pleno mes de enero. Esta vez, con la excusa de recoger las cartas de los niños y niñas para hacérselas llegar a los Reyes Magos. Hoy previsiblemente repetirá en la cabalgata. Un año más, suspenso en educación animal.
Con la excusa de hacer las delicias de pequeños -y no tan pequeños- y de dar más "emoción" a estas fiestas, el equipo del Ayuntamiento de Medina del Campo ha retomado su absurda pasión, compartida por muchos otros consistorios de España, de exponer animales salvajes ante la mirada de cientos de personas. Animales salvajes como un elefante africano que ya en enero de 2020 "embistió", por error, a varios niños e incluso al propio alcalde del municipio. Animales salvajes cuyo hábitat natural poco o nada se parece al que aquí les aguarda, y cuyas actividades naturales poco o nada se asemejan a recoger cartas navideñas o acompañar a sus supuestas Majestades de Oriente mientras lanzan caramelos. Animales salvajes que, además, y a los hechos nos remitimos, ponen en riesgo nuestra seguridad.
La polémica está servida. Las organizaciones animalistas -y todo aquel que entiende mínimamente de estos seres vivos- se echan las manos a la cabeza. ¿Es de verdad necesario exhibir como domesticados a camellos, llamas o elefantes? ¿Qué ejemplo estamos dando a los más pequeños de la casa normalizando y aplaudiendo, como hacen la mayoría de los medios de comunicación, espectáculos bochornosos como este?

