¿Por qué nadie asiste a los animales en los accidentes de tráfico?

La pregunta del titular es la que muchos nos hacemos cuando vemos desastres como el de la madrugada de ayer, cuando volcó un camión en la A-2 que transportaba 170 cerdos al matadero de Tarancón. Si bien es cierto, no nos engañemos, que su final iba a ser igualmente trágico, si verdaderamente estamos en un país que define a los animales como seres sintientes, sus chillidos agónicos en plena autovía representaban un grito por el cambio de valores que necesitamos.

Si nuestros políticos han concluido recientemente que los animales sienten y padecen, imagino su preocupación por cómo habrán pasado esas horas, volcados, los cerdos que sobrevivieron al accidente. Y digo que imagino, entiéndase la ironía, porque verla no la vimos por ninguna parte. Estos animales permanecieron hacinados en las jaulas en las que eran transportados, gritando, desangrándose. Y sin recibir asistencia veterinaria.

Un accidente en el que probablemente fallecieron numerosos ejemplares. Una cifra que no conoceremos porque, seamos francos, a nadie parece importarle. Lo más relevante de este suceso fue que el tráfico permaneció cortado durante horas en la A-2, el término municipal de San Fernando de Henares, en la Comunidad de Madrid. Lo demás, públicamente, se antoja vanal y de segunda.

Quien tenga un poco de empatía hacia el resto de seres vivos, sufrirá al ver las imágenes que grabó la cadena Telemadrid durante la noche del accidente. Unas imágenes que han vuelto a abrir el debate sobre el transporte de animales y las condiciones de hacinamiento en las que viven en granjas y mataderos. 

Los cerdos agonizaron durante horas, nadie les asistía y, los que estaban en peor estado, fueron ejecutados allí mismo. "El resto seguirá el camino al matadero", afirmaba PACMA en su perfil de Twitter.

Protocolo de atención a los animales

"Sus vidas de explotación en la industria ganadera son un infierno y se agrava cuando hay accidentes". Por ello, este partido asegura que lleva años exigiendo un protocolo de atención a los animales víctimas de accidentes de tráfico.

No es para menos. El transporte y la exportación de animales vivos están en tela de juicio, porque este no es el primer accidente -ni, por desgracia, será el último-. Hace unos años, un camión de elefantes volcó en 2018 en plena A-30 haciendo visible el problema. Uno de los paquidermos falleció.

Recientemente, miles de ejemplares de ganado fueron sacrificados en Cartagena (Murcia) después de pasar tres meses en el Mediterráneo por dos exportaciones fallidas, sin tener un país que los recibiera. Las vacas y terneros supervivientes acabaron su viaje caquéxicos y fueron finalmente sacrificados por su estado de salud.

¿Tan costoso sería para las administraciones tener un equipo de veterinarios que se ocupasen de los animales cuando ocurriesen accidentes como este? ¿Tanto supondría aportar un poco de dignidad a las vidas de los que, tristemente, solo nacen para alimentarnos en una industria que los maltrata y castiga cada día? ¿Realmente actúa así un país que aboga por el bienestar de los animales cuando las autoridades giran la cabeza ante estos chillidos de dolor?

¿Estos son los valores que queremos inculcar a las generaciones venideras?